viernes, 27 de julio de 2007

Esta boca es mia

Mía. Mía. Hace ya no sé cuanto abrí este blog. Como empezando algo que no sabía muy bien qué era ni cómo iba a continuar. Como suelo comenzar muchas cosas en la vida.

Después, como suelo también hacer seguido, lo abandoné. Tenía mucho tiempo sin abrirlo. Miedo, puro miedo. No es que no tenga cosas que decir, es que, simplemente, tenía miedo de decir boludez y media nomás. Hoy, al pedo como cenicero de moto, surfeando en el mundo blog, me acuerdo del mío, y me doy cuenta, que en realidad, no importa lo que diga.

Todos tenemos algo que decir y algo que contar y puede que a muchos no les parezca -aunque puede también que nadie lea este blog y me salve de la tan temida crítica. Pero me parece por momentos que es gracias a la cantidad de boludeces que pensamos, decimos y compartimos, que nacen algunos de los pensamientos más lúcidos que podemos llegar a tener. Luego, gracias a esos momentos, hacemos cosas drásticas, fantásticas -en términos de que nunca pensamos que haríamos, o ni siquiera se nos ocurría, no estaba en nuestro universo de vida- lindas, bárbaras... y a veces también reverendas pelotudeces... pero, quién nos quita lo bailado? quién nos quita la sensación cuando una vez tomada la desición nos ponemos en campaña? la fuerza, la emoción, el placer?

Así que retomo, con ganas de decir un montón de cosas, y como dice el dicho que dice: "el que quiera oir, que oiga". Y el que no, bueno... no y listo.

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